Valores familiares, futuro personal

Muchos coincidimos en achacar la última gran crisis económica a la decadencia o ausencia de valores esenciales.

Honestidad, integridad, y cultura del esfuerzo. Estos, y muchos otros, se forjan desde la infancia, en el seno de las familias. No se trata de conceptos susceptibles de adquirir en la formación reglada. Tampoco son materias que computen en la nota de selectividad o puedan objetivarse en un curriculum vitae.

Por otro lado, estamos redescubriendo la rueda. Se enarbola la formación dual como panacea para formar profesionales más preparados para la realidad laboral. No deja de ser desempolvar lo ya inventado muchos años atrás: las escuelas de aprendices.

Sin embargo, no se habla, ni se practica, la enseñanza de valores esenciales para el adecuado desarrollo personal en un sociedad consumista y el desempeño profesional ético.

El 24 de diciembre fui a comprar a una tienda de abarrotes (por cierto, franquiciada de una reconocida cooperativa norteña). Atendiendo la caja estaba un niño de 12 años, de rasgos orientales. Se desenvolvía con soltura en los cobros, una sonrisa en el rostro y amabilidad en el trato a los clientes.

Seguro que habrá quien hable de “explotación infantil”, El niño estaba ayudando en el negocio familiar, como hemos hecho muchos otros desde edades tempranas. Cumplía su horario y sus obligaciones, consciente de que ponía su granito de arena a la economía de su familia.

Los teóricos de la formación no llamarían a esto “formación dual” y, sin embargo, este niño aprenderá más en su tarea que muchos otros que terminen con un título de especialista.

Más allá de aprender el oficio de tendero, está desarrollando sus valores: el esfuerzo, el sacrifico de sus horas de ocio y juegos por un bien mayor, la honestidad en sus tareas con el público y otros muchos intangibles.

Cuando estaba sin clientes que atender, ordenaba estanterías en lugar de teclear en un móvil. Barría la tienda, en vez de pasar de nivel en un juego de consola.

Este niño de 12 años, a buen seguro, será un profesional, un trabajador que cuando adquiera la formación profesional será imbatible. Tendrá valores sólidos y siempre será empleable. Empieza desde abajo y nunca se le caerán los anillos por realizar cualquier tarea. Tendrá los pies en la tierra y progresará con la seguridad y firmeza que solo ostentan quienes han aprendido en casa lo más importante de la vida: valores esenciales.

Quizá ha llegado el momento de que recuperemos lo básico y no deleguemos (o desertemos) en la formación integral (personal y profesional) de las nuevas generaciones.

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