Como si no hubiera un mañana

Ya va para varias semanas que escuchamos decisiones que tal parece que en ciertos estamentos han encontrado la cornucopia. Este mito griego hace referencia a como Zeus confirió al cuerno de su cabra el poder para que, a quien lo poseyera, se le concediese todo lo que deseara.

Etimológicamente, el cuerno de la abundancia.

Se ha publicado, y gritado a los cuatro vientos, que se va a implantar el Ingreso Mínimo Vital.

Es obvio que si preguntamos a cualquiera sobre la conveniencia de ayudar a quien atraviesa una situación de necesidad objetiva y extrema, todo bien nacido contestará que está de acuerdo.

Sin embargo, como dicen los americanos, el diablo está en los detalles. Esta medida, para ser sensata y eficaz, debe acompañarse de condiciones adecuadas y coherentes.

En primer lugar, si obedece, como se aduce, a una situación excepcional – la crisis económica provocada por la pandemia- ha de ser temporal y decaer en cuanto la causa que la motiva vaya desapareciendo.

En segundo lugar, ha de estar condicionada a la búsqueda y aceptación de un empleo. No debe ser suficiente estar en una lista, los beneficiarios han de ser proactivos y comprometerse a aceptar un trabajo, al margen de la cualificación u oficio que ostenten. En caso contrario, el Gobierno estaría creando una alternativa rentable y atractiva al empleo. Es condición humana elegir la alternativa menos costosa y si se percibe una retribución familiar de 1.000 euros sin contraprestación, está claro que será preferida a tener que esforzarse 8 horas diarias para ganar lo mismo.

Por otro lado, no sería comprensible que existan puestos disponibles, al margen de su ubicación geográfica o actividad, y que en paralelo las arcas públicas sostengan a un grupo inactivo.

Si no se actúa con visión de largo plazo y de conjunto, esta medida y otras similares provocarán un crecimiento sostenido y vertiginoso del gasto público en un entorno donde todo apunta hacia una crisis muy profunda donde los ingresos y beneficios se contraerán sin remedio y, por tanto, la recaudación fiscal se resentirá.

Tal parece que se esté aprovechando una desgracia sanitaria, económica y social para imponer un modelo económico cortoplacista y demagógico. Gastar como si no hubiera un mañana ya sabemos que es pan para hoy y hambre a continuación.

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